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Al llegar a México a fines de 1967, como joven fotógrafo alemán, hice un recorrido por varios pueblos mixtecos cerca de Pinotepa Nacional en la Costa Chica de Oaxaca. Lo que vi me gustó tanto, que decidí volver para realizar una visión personal de las mujeres de la región inspirada en la obra de Paul Gauguin. Con el apoyo del Instituto Nacional Indigenista tomé entre 1968 y 69 una serie de fotografías para posteriormente armar un libro. Dado que no regresé hasta años después a Alemania, el proyecto no se realizó y las tomas se quedaron en el archivo. Desde entonces han pasado más de treinta años, en los cuales me establecí como fotógrafo profesional en la Ciudad de México. En 1997 me inicié en la fotografía digital y empecé la digitalización de mi archivo. Desde el año 2000 hemos retocado digitalmente las fotografías de la Mixteca sin alterar su carácter de documento histórico de un México que se fue. Al revisar mis diarios de aquellos años encontré la descripción precolombina de la Mixteca Baja como " Ñundeui "y su traducción "Al pie del cielo." Me gusta como título para este trabajo, ya que significa estar en la entrada del cielo, de donde me asomé a aquel Edén tropical. Aunque tal descripción corresponde más bien a una visión europea del mundo indígena su pureza, armonía e integridad eran notables. Viajar por la Mixteca Baja a fines de los sesentas, a pie y a caballo, antes de la llegada de electricidad y carreteras, era internarse al pasado, era un retiro a la naturaleza y a los pueblos integradosa ella. En estas fotografías me limito a pocos colores: el verde de la vegetación, color de la fertilidad, abundancia y tranquilidad, el azul de las naguas, color del cielo, del mundo espiritual y de los sueños y el moreno de la piel, color de la tierra, cálido y sensual y, como decia Gauguin en Tahití, " el oro de sus cuerpos ." Como complemento de este mundo en paz aparece el rojo de los collares y de las fajas, color de advertencia, pasión y peligro. Con esta presentación agradezco el apoyo del Instituto Nacional Indigenista de la Ciudad de México y de Jamiltepec, Oaxaca. Saludo con afecto y gratitud a las mujeres y hombres de la Mixteca Baja, quienes me brindaron su hospitalidad y apoyo, sobre todo en los pueblos San Agustín Chayuco, Santa María Nutío y en el entonces remoto y legendario Ixtayutla. Expreso mi gratitud al desaparecido Félix García Mendoza y a su hermana Luisa de Santa Ma. Nutío, quienes hicieron realidad mi sueño de retratar unas jóvenes indígenas en el rio. También agradezco a mi amigo José Luis Merino Chávez, actual coordinador de imagen y difusión del Gobierno del Estado de Tlaxcala, quien me acompañó en el primer viaje, al antropólogo Andrés Medina, compañero del segundo viaje, a Jorge Brena, dueño del Hotel Principal en la Ciudad de Oaxaca, al fotógrafo Walter Reuter, al músico Antonio Zepeda, al escultor Ricardo Regazzoni y al pintor y diseñador gráfico Vicente Rojo por su aliento en la evaluación de la obra a fines de los sesentas en la Ciudad de México. Agradezco la ayuda de mi ex-asistente Carlos Cerón en las escaneadas y el retoque digital y doy las gracias al distinguido fotógrafo de arte y artefactos precolombinos, Michel Zabé, por su apreciación del trabajo en la actualidad. Me siento afortunado que estas imágenes, tantos años archivadas, fueron expuestas por vez primera en 2001 gracias al distinguido pintor Francisco Toledo en el Centro Fotográfico Manuel Alvarez Bravo de Oaxaca. Como próximo paso busco exponer y publicarlas en la Ciudad de México.En 2002 anexé unos breves poemas náhuatl a siete fotografías y reproduzco con gratitud las palabras de Michel Zabé acerca de la chica de la portada:
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